jueves, 8 de abril de 2010

Evitar mejor que castigar.

Creo que a todos los que tenemos hijos se nos encoje el alma cuando escuchamos noticias en las que un chico/a ha sido víctima de malos tratos, abusos o violencia en general. Con más motivo cuando esa aptitud viene de parte de uno de sus compañeros. Surge el miedo al pensar que algo así pueda ocurrir a nuestros hijos, pero también da miedo cuestionarse qué pudo llevar a una adolescente a actuar así, qué falló en su educación para que, no sólo no le importe el sufrimiento de otros, sino que lo provoque. Con estos casos algunos vuelven a hablar acerca de la edad a partir de la qué puede ser juzgado un niño, pero creo que el problema no es ese, para mí lo importante es poner soluciones para que estos actos no lleguen a ocurrir nunca, buscar los orígenes de la violencia y luchar (educar) para que no se dé.